Casualidades de la vida: acabábamos de unirnos al Clúster del Pádel… y justo había una Asamblea.
Me planté allí, y entre tanta cara nueva, el único que conocía era Jorge.
Jorge Gómez de la Vega. El presi.
Nos conocíamos porque me había recibido ya varias veces para escuchar mis ideas.
Así que aproveché un momento y le enseñé en el portátil algunos renderizados de lo que tenía en mente.
Supongo que algo le llamó la atención, porque me dijo:
— Si necesitas que te echemos una mano, pásate por la fábrica.
¡Boom! Qué subidón. Justo lo que necesitaba.
Jorge es un gran tipo.
En aquel momento era nada menos que el director general de StarVie. Llevaba 14 años al frente.
Un referente.
Y StarVie tenía una de las mejores fábricas de palas.
No me lo pensé. Me presenté allí con mi carpeta de locuras y, durante un par de días, estuvimos trabajando a fuego.
De ahí salieron los primeros prototipos:

Vale, no eran la octava maravilla. Pero era un comienzo.
Al día siguiente, le dimos una vuelta al concepto de fabricación que yo tenía en la cabeza… y apareció esto:

Era abril del año pasado, y yo me había empeñado en llevar algo decente al Padel World Summit.
La feria mas importante de padel y en la que éramos una de las marcas presentes.
¿Problema? Que quedaba poco tiempo. Y en la fábrica, como es normal, tenían otras prioridades.
Pero sobre la campana, salió este:

Si estuviste en nuestro stand, seguro que la viste.
Es la roja.
Estaba dentro de una urna. No por estética. No por seguridad.
Pesaba un quintal y tenía algunos desperfectos…y así lo disimulábamos un poco…
Hicimos que nuestro stand girase en torno a la pala.
Hubo miradas curiosas, algún que otro comentario en redes, preguntas…
Pero nadie, nadie, se interesó de verdad.
Seguía faltando trabajo por hacer.
Pero cada vez lo veía mas cerca.



